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ESTIMULACION TEMPRANA
La estimulación temprana, estimulación
precoz o atención temprana es un grupo de técnicas
para el desarrollo de las capacidades y habilidades de los niños en la primera
infancia. Es el grupo de técnicas educativas
especiales empleadas en niños entre el nacimiento y los seis
años de vida para corregir trastornos reales o potenciales en su desarrollo, o
para estimular capacidades compensadoras. Las intervenciones contemplan al niño
globalmente y los programas se desarrollan teniendo en cuenta tanto al
individuo como a la familia y el entorno social que lo rodea.
Desarrollo
La verdadera estimulación temprana se realiza al
bebé de recién nacido a los 3 meses de vida que es el periodo de tiempo en el
que hay mayor plasticidad cerebral. Los primeros seis años de vida se
caracterizan por un alto grado de plasticidad neuronal,
que permite la adquisición de funciones básicas como el control postural, la
marcha o el lenguaje. La consecución progresiva de hitos en este desarrollo va
permitiendo la aparición y mejora de nuevas habilidades (por ejemplo, es
necesario que el niño aprenda a sujetar la cabeza, controlando la musculatura
del cuello, para que pueda dirigir la vista, lo que refuerza la motivación para
la marcha o el contacto visual como elemento socializador…).
Este desarrollo surge de la interacción entre
los genes y el ambiente. Los primeros son
inmodificables, y establecen la base de capacidades propias de cada individuo.
Los factores ambientales, sobre los que intervienen los programas de
estimulación precoz, modulan e incluso inhiben o estimulan, la expresión de
diversas características genéticas.
Dentro de los factores ambientales se incluyen los
puramente biológicos (estado de salud, nutrición…) y otros de índole
psicológica, social y cultural: sus vínculos afectivos iniciales, el nivel de
atención que recibe, el grado de interacción del ambiente con el niño (personas
que lo rodean, objetos, luz, sonidos…). Estos factores son fundamentales en la
maduración de conductas de adaptación al entorno, de la disposición al
aprendizaje, del establecimiento de diferentes estrategias de comunicación o
del desarrollo emocional.
- Evaluación del desarrollo
Se debe considerar la edad cronológica y la edad
corregida. En el caso de niños recién nacidos de término, se tiene en cuenta la
edad cronológica para evaluar un niño a distintas edades. En el caso de niños
prematuros hay que restar a la edad cronológica las semanas de gestación que no
completó.
- Estado de salud
Es sabido que cualquiera enfermedad puede afectar
el examen de desarrollo de un niño. Para tener una información fidedigna es
necesario esperar hasta que el niño esté sano.
- Analizar todas las áreas
El examen del área motriz, de los reflejos
arcaicos, en general no se omiten. Debe recordarse a otras áreas de
importancia: audición, visión, área social, área afectiva, área de lenguaje,
por ejemplo.
- Interacción entre diferentes áreas del
desarrollo
A modo de ejemplo, se recomienda estudiar la
coordinación ojo-mano; ubicación de sonido y uso de la mano; exploración de la
marcha y avances cognitivos, etc.
- Condiciones niño-ambiente-examinado
Para poder darle valor a un examen de desarrollo
hay que tener en cuenta la influencia positiva o negativa del lugar físico
donde se realiza el examen (calor, frío, miedo, nº de personas, etc.) De gran
valor es el estado en que se encuentra el niño en relación a: horas de
alimentación, sueño, grado de alerta, etc. También el estado del examinador
debe considerarse: su experiencia en evaluación; la relación con el niño, el
tiempo de que dispone.
- Análisis global de la anamnesis y del
examen de desarrollo
Es posible que existan discrepancias entre lo que
dicen los padres acerca del desarrollo de su hijo y lo que se encuentra en el
examen. Un diagnóstico de desarrollo resultará del análisis cuidadoso de ambas
informaciones.
Esta etapa temprana de la
vida también se caracteriza por una mayor susceptibilidad a condiciones ambientales
inadecuadas que pueden retrasar o bloquear la adquisición de algunas
habilidades, aunque la capacidad adaptativa del sistema nervioso central en cualquier niño sin
problemas de desarrollo permite una reorganización funcional de la que
comenzamos a carecer a partir de los seis años de vida. De ahí la importancia
de iniciar lo más precozmente posible los programas de intervención,
especialmente de alteraciones del desarrollo

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